Cómo hacer un trabajo que no te gusta

Llevo en mi actual trabajo 14 años. Uno más que mi hijo mayor. Mi trabajo tiene muchas cosas buenas: flexibilidad horaria, buenos compañeros, beneficios sociales, reducción de jornada para facilitar la conciliación familiar, me pagan puntualmente a finales de mes, y desde que comenzó la pandemia, teletrabajo desde casa. También tiene una cosa no tan buena: no me gusta lo que hago. Objetivamente, es un trabajo estupendo, pero no me siento feliz en él. Todos los lunes me pregunto cómo hacer un trabajo que no te gusta.

Muchas veces no me atrevo a decir en voz alta lo insatisfecha que me siento casi todos los días durante mi jornada laboral por no parecer desagradecida. Silencio mis sentimientos, como si mi infelicidad laboral fuera un oscuro secreto familiar. Hago caso omiso a la angustia en el estómago, y otro lunes más, me vuelvo a sentar delante del ordenador para trabajar.

Portátil en el campo

Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.

Viktor Frankl

NO TE GUSTA TU TRABAJO. Qué estrategia adoptar

A lo largo de los tiempos, he ido probando diferentes estrategias respecto a mis sentimientos en el trabajo:

Estrategia nº 1: Mirar para otro lado e ignorar lo que siento.

Soy experta en no atender mis emociones, así que éste es mi primer recurso siempre. Sé que así no consigo nada, pero casi siempre lo vuelvo a intentar.

Estrategia nº 2: Sentir agradecimiento.

Las leyes espirituales dicen que para abrirte a recibir lo que la vida tiene preparado para ti, el primer paso es valorar lo que ya tienes ahora en tu vida. Y yo abro los brazos.

Estrategia nº 3: Convencerme de que todos los trabajos son válidos y necesarios para la sociedad.

Por tanto, el mío también lo es y con él estoy contribuyendo al bien común. Esto es cierto y por eso, intento hacerlo lo mejor que sé. Pero no soluciona mi problema principal, que es que no me gusta.

Estrategia nº 4: Actuar como una víctima.

Cuando algo de lo que sucede no me gusta, caigo en el papel de víctima. Me pregunto por qué me está pasando eso a mí. Por qué tengo que pasar tantas horas en un sitio en el que no me siento identificada haciendo cosas que no me gustan. Por qué. Pobre de mí.

Da igual qué estrategia pruebe, siempre me quedo atrapada en la número 4 y me autocompadezco de mí misma. Lo peor de todo es que así tampoco me siento mejor.

ESTRATEGIA Nº 5: VALIDAR CÓMO ME SIENTO.

Estoy probando una nueva estrategia, la número 5. Paro, respiro, pataleo, me quejo y siento intensamente que todo es una m** y que yo merezco algo mejor. Me permito aceptar que no me gusta mi trabajo y, que a pesar de que haya personas que trabajen más horas que yo y tengan peores condiciones laborales que las mías, yo también tengo derecho a tener un trabajo que me apasione y que no sea solo una forma de ganarme la vida. Me trato como si fuera una amiga a la que escucho y doy un abrazo cuando está preocupada, soy capaz de calmarme, sin quedarme enganchada en el victimismo. Porque me tengo en cuenta a mí misma.

Quería tan solo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mí, ¿por qué me iba a ser tan difícil?

Herman Hesse

qué busco con un nuevo trabajo

Cuando era (más) joven, trabajé durante unos años como auditora financiera en una gran empresa del sector. Fue una época de un ritmo frenético, con largas jornadas de trabajo. Muchas noches, acababa agotada y me dejaba caer en la cama y cerraba los ojos, desapareciendo hasta la mañana siguiente, creo que sin soñar. Cuando después de un tiempo, dejó de ser lo que esperaba, también me quejé. Y mucho. Pero además de quejarme, hice algo más. Puse en marcha mi energía masculina y pasé a la acción: actualicé mi curriculum, lo envié a las ofertas que me interesaban, hice entrevistas, estudié y me preparé para estar donde estoy hoy.  

¿Por qué hoy no vuelvo a hacer lo mismo?

Han pasado 20 años. Ya no busco lo mismo que antes. Yo soy distinta y mis intereses son otros. No puedo actuar de la misma manera. Ahora no quiero solo otro trabajo, ahora deseo crear un estilo de vida hecho a mi medida, y para eso, más que enviar curriculum, necesito mirar dentro de mí, preguntarme qué quiero cambiar, hacia dónde quiero ir y confiar en que ya estoy en el camino hacia mi propósito.

Por qué la incertidumbre no me deja cambiar de trabajo

Estoy tan acostumbrada a la seguridad de mi trabajo actual, que, ante las nuevas reglas del juego, me paralizo sobre cualquier decisión.

Siento como si realmente me ataran unas cadenas invisibles que no me dejaran moverme, reales o imaginarias: las facturas que hay que pagar, los colegios de los niños, la hipoteca y, sobre todo, el miedo a lo desconocido.

Hay preguntas para las que aún no tengo respuesta. Y eso me desconcierta y me agota.

Nunca se me ha dado bien sostener la incertidumbre. Asocio la incertidumbre con algo negativo, cuando simplemente significa que no sé lo que va a pasar. Creo que, si puedo controlar lo que me rodea, conoceré el resultado de lo que suceda. Pero la realidad es que no puedo controlarlo todo: el azar, las demás personas o las circunstancias externas quedan fuera de mi alcance.

Por eso, para sobrellevarlo mejor, me centro en hoy, sin pensar demasiado en ese futuro incierto que desconozco. De esta manera me resulta más fácil confiar en mí, en mis capacidades y en que sabré afrontar lo que ocurra.

La jubilación es para la gente que se ha pasado toda una vida odiando lo que hacía. MI sueño más salvaje es tener noventa años y poder continuar así, haciendo una película al año, durante muchos años más.

Woody Allen

Protege tu espacio personal propio

Sé que el trabajo es solo un área de la vida y que lo importante es mantener un equilibrio entre todas ellas: familia, dinero, salud, ocio y trabajo.

Acabo de estar inmersa en una época de mucho trabajo: más horas, más esfuerzo, más exigencia. También más infelicidad. Cuando ocurre esto, el trabajo se vuelve más grande que el resto de áreas e invade los espacios reservados para todo lo demás. Se reducen mis tiempos para escribir, para cocinar el bizcocho del desayuno, para pasear y para cuidarme. Además, por los años, supongo, mi cuerpo tolera menos el estrés y tarda más en recuperarse de la presión a la que le someto cuando hay fechas de entrega que cumplir.

Pero necesito proteger mi propio espacio. Aunque se haga más pequeño. A pesar de no poder practicar una hora de kundalini yoga cada día, escribir en el blog o salir al campo el fin de semana, sí puedo estirar mi cuerpo con el saludo al sol, anotar mis ideas en mi cuaderno y disfrutar de las flores de al lado de mi casa.

Porque sé, que si renuncio del todo a eso que me hace sentir bien, me quedo sin energía para seguir levantándome el lunes siguiente. Si me salto mi rato para mí, justo cuando más falta me hace, acumulo cansancio y mal humor. Y mi mente empieza a chillar. Por eso me ayuda tanto la meditación.

Como estoy aprendiendo a ver el lado bueno de las cosas, creo que esta también lo tiene: ahora me conozco más y sé mejor lo que necesito. 

Amapola en la ciudad
Amapola en la ciudad

Se pueden amar los lunes

Vivimos rodeados de personas que odian los lunes, el despertador que suena por las mañanas y su trabajo. Puede que a ti también te pase lo mismo, pero como lo ves en los demás, acabas asumiendo que es lo normal. 

Esta también fue la historia de Paula G. Montes. En su libro Se pueden amar los lunes” cuenta el gran cambio que hizo en su vida al dejar el despacho de abogados en el que trabajaba para abrir su propia consulta de terapias naturales como maestra de Reiki. No fue un camino fácil.  Sin embargo, Paula consiguió encontrar la llave para abrir la puerta que había más allá de su zona cómoda y lograr aquello que anhelaba. Se deshizo de esa sensación de angustia que la amargaba y comprobó que era posible no solo cambiar de trabajo sino también de forma de pensar y modificar esas estructuras mentales que nos mantienen presos en lugares y atados a circunstancias que no nos proporcionan alegría de vivir. Su libro y su ejemplo son inspiración.

No te gusta tu trabajo
Libro «Se pueden amar los lunes» de Paula G. Montes

Siempre se puede re-aprender, re-educarnos, cambiar. Evolucionar. Recuerda que cuando tú sanas, es decir, cuando tú estás feliz .y conforme con lo que haces, con esa misma luz, es con la que iluminas el mundo.

Paula G. Montes

Uno de estos días en los que mi mente estaba totalmente acelerada, opté por parar diez minutos y puse la radio. Sonó una canción que ni siquiera me gustaba especialmente cuando más sonaba en la radio hace años, pero que me recordó que no importa la lluvia, que lo superaremos de todos modos y que empezaremos de nuevo.

Lifted. LightHouse Family

Porque si estoy atenta, la vida encuentra la forma de hacerme saber que está de mi parte.

Ahora es tu turno:

  • ¿Sabes que no te gusta tu trabajo pero no sabes qué te gustaría hacer?
  • ¿Te gustaría tener otro trabajo pero no te atreves a moverte de dónde estás?
  • ¿Has trazado un plan de acción para poder crear un trabajo con el que sentirte satisfecha?

Como siempre, me encuentras al otro lado de la pantalla.

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Un abrazo.

firma Laura

Puede que no sepa lo que quiero,

Pero sé lo que no quiero ser

Puede que no sepa lo que quiero,

Pero sé lo que no quiero

Prisionero, prisionero, prisionero

Ser un prisionero jamás.

Canción Prisionero. Telegrama

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