Respira y escucha las señales de tu cuerpo

Siempre he sido una mujer muy mental. Desde pequeña, identifiqué el aprendizaje con la lectura de libros, el estudio de las asignaturas reglamentarias, el razonamiento lógico y los cálculos numéricos. Desde ahí, fui obteniendo cierto reconocimiento, primero de mis padres y de mi familia y luego, a nivel laboral. Por eso, esta parte intelectual es importante en el personaje que fui construyendo para sobrevivir.

Cuando era (más) joven, trabajé durante unos años como auditora financiera en una gran empresa del sector. Fue una época de un ritmo frenético, con largas jornadas de trabajo con días en los que casi no había tiempo para comer. Muchas noches, acababa agotada y simplemente, me dejaba caer en la cama y cerraba los ojos, desapareciendo hasta la mañana siguiente, creo que sin soñar.

Aunque cambié de trabajo, durante muchos años, mi forma de afrontar la vida siguió siendo la misma, yendo al límite, exigiendo a mi cuerpo un poco más, siguiendo a pesar de la incomodidad, como cuando a los niños pequeños se les pide que se coman, sin hambre, la última cucharada.

Vivía mucho en la mente, que estaba totalmente acelerada, y poco en el cuerpo.

¿Quién soy? ¿Cómo es mi cuerpo? ¿Qué hay en mi cabeza? ¿Por qué algunos días me siento tan mal dentro de mi propia piel? Éste es el tipo de preguntas que todo el mundo acaba planteándose un día u otro, sobre todo cuando el cuerpo en cuestión empieza a protestar y nos sugiere que también a él, como a nosotros, le gustaría ser de otra manera.

Thérèse Berterat

Deja que tu cuerpo te hable

Tengo la suerte de que mi umbral del dolor es alto. Sin embargo, esto hace que me cueste mucho más escuchar a mi cuerpo, que cada vez ha tenido que lanzarme señales menos sutiles: molestias en la espalda, dolores de cervicales, zumbidos de cabeza, insomnio, pielonefritis, alopecia, ausencia de menstruación… Mi cuerpo llevaba tantos años acostumbrado al cansancio físico continuo y a la falta de energía vital, que antes de que la ginecóloga me diagnosticara el cáncer de mama, no pensaba que algo fuera mal. Vivía en profunda desconexión con mi cuerpo.

A pesar de que mi trabajo actual no es tan frenético como el de hace ya unos años, continúo pasando muchas horas sentada delante del ordenador.

Me ha llevado mucho tiempo darme cuenta de que, en las épocas más intensas de trabajo, estoy tan metida en mi mente, que me olvido de mi cuerpo. La velocidad de mis pensamientos se acelera y mantener tanta actividad mental, me genera confusión de ideas y de imágenes. Me desconecto de mi cuerpo y no tengo en cuenta mis necesidades. Entonces, como de más, duermo de menos y me cuesta estar presente con mis hijos cuando acaba la jornada laboral.

Antes, me quejaba amargamente de lo poco que me gustaba mi situación e imaginaba lo maravilloso que sería vivir de otra manera.

Ahora, estoy aprendiendo a aceptar la situación tal como es y busco pequeñas soluciones que me hacen más fácil el día a día.  Dejo que mi cuerpo hable: si me duele la espalda, me levanto del ordenador y hago unos estiramientos o simplemente me masajeo el cuello mientras miro por la ventana tomándome una infusión. 

A medida que mi cuerpo se relaja, mi mente se calma.

“Relaja tu cuerpo, y el resto de ti se iluminará”.

Haruki Murakami

No te muevas. Sólo respira

¿Te has fijado en cómo respiras?

Yo nunca me había dado cuenta de que, muchas veces, mi respiración es superficial y entrecortada. Cuando no presto atención a lo que estoy haciendo, cuando voy con prisas, cuando estoy en la mente y poco en el cuerpo, en todas esas ocasiones, retengo mi aliento, de la misma manera que, a veces, intento retener mis emociones, mi rabia y mi enfado.

Es probable que a ti también te pase. Nos olvidamos de respirar. Utilizamos la respiración para dominar nuestro cuerpo, para no tener sensaciones.

No hacer nada y respirar es la forma más sencilla de volver a conectar con tu cuerpo. De esa manera, tu cuerpo encontrará su propio ritmo respiratorio.

Cuando te van a hacer una radiografía o un tac en un hospital, necesitan que no te muevas, que te quedes muy quieta para que todo aparezca en su sitio. Cuando estoy metida en uno de esos aparatos, me lo tomo como un momento de paz interior y doy las gracias por lo que soy y por lo que tengo.

El mundo amarillo. Albert Espinosa
El mundo amarillo. Albert Espinosa

Albert Espinosa en su libro “El mundo amarillo” comparte los descubrimientos que hizo durante los diez años que estuvo enfermo de cáncer y cómo los hallazgos que hizo le continuaron sirviendo después. En el libro cuenta cómo, cuando se curó, continuó utilizando el método de la radiografía del hospital, a pesar de no tener aparatos de rayos X en casa. Te indico los pasos:

  • Te echas en la cama. Cierras las puertas, apagas el móvil y te quedas quieta, muy quieta.
  • Mentalmente, te dices la frase más oída en las salas de radiografías: “No te muevas. Respira, no respires”.
  • Lo haces durante veinte minutos. No hagas nada que no sea pensar en moverte y ser consciente del aire que respiras.

Aunque esta práctica se parece a la meditación, no lo es. Simplemente, consiste en estarse quieta. Hibernar durante veinte minutos. Suele ser suficiente para poner orden en tu mente, tomar decisiones más acertadas y conectar más con tu cuerpo.

Por si no conoces su historia, a continuación, te dejo un vídeo de Albert Espinosa en el que reflexiona sobre la importancia de ser feliz día a día.

No existe la felicidad, sino ser feliz cada día. Albert Espinosa, escritor

En el hospital nos enseñaban a afrontar la pérdida, pero no poniendo el énfasis en la palabra “aceptar”, sino en “pérdida”.

Albert Espinosa

Redescubrir nuestro cuerpo no solo desde el exterior, sino también desde el interior de sí mismos.

Tomar conciencia de la falta de fluidez de un movimiento o de la rigidez de una parte del cuerpo.

Parar y sentir el cuerpo: hormigueo, dolor, cosquilleo. A veces, ni siquiera sabemos poner palabras a lo que nos ocurre.

El cuerpo enseguida es consciente de los pequeños progresos, cobra confianza y los movimientos se vuelven más naturales.

Porque nuestro cuerpo somos nosotras mismas.

  • ¿Sientes conexión con tu cuerpo?.
  • ¿Qué haces para volver a estar conectada con sus necesidades?

Como siempre, te espero en comentarios.

Un abrazo,

firma Laura

Y ando rebuscando en los rincones de mi cuerpo

Ando escuchando mis silencios

Voy quebrando el relato perfecto

En el que tantas veces me quedé encerrada

El relato perfecto. La otra

Bibliografía

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