La importancia de hacerse las preguntas correctas en la vida

Soy inquieta y tengo clara la importancia de hacerse preguntas en la vida. Pero creo que no siempre me hago las preguntas correctas que me ayudan a crecer. Aparecen en los momentos más inoportunos, cuando mi mente está desordenada y son preguntas para las que no tengo respuesta.

A menudo, mis preguntas son sobre el lugar en el que vivo. Me pesa la indiferencia de vivir en una gran ciudad como Madrid. Hay días que me encuentro atrapada mientras estoy en otro atasco de la M-40 o siento que no puedo respirar cuando viajo en el metro y nadie me saluda. Esos días me pregunto qué ocurriría si me fuera a vivir al pueblo, qué sucedería si trasladara mi vida allí y no fuera solo de vacaciones.

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El lugar al que perteneces

Nací en Madrid y es donde he vivido siempre, pero dicen que perteneces al lugar en el que disfrutaste de tu niñez, así que soy de mi pueblo. Los recuerdos de mis veranos de niña son de allí: las excursiones por el río, las tardes en la piscina, los trastos del garaje de mi abuelo, los disfraces con la ropa de joven de mi madre… Mi memoria es justa en raras ocasiones y cuando le conviene, esconde los días aburridos y lo adorna todo de vivos colores. 

Por eso, yo vuelvo a mi pueblo, una y otra vez, tratando de recuperar quién era entonces.

La verdadera patria de un hombre es la infancia”

Rainer María Rilke
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Nuestra casa del pueblo

Mi pueblo vio nacer a todas las mujeres de mi familia. La que hoy es nuestra casa, antes fue la casa de mi abuela y antes, lo fue de la suya. Pierdo la pista más atrás en el tiempo. Sus paredes son testigo de la vida de varias generaciones.

Hace casi cuatro años, después de llevar varios años deshabitada, decidimos quedarnos con ella, restaurarla y convertirla en el lugar especial de nuestra familia.

Meses después de empezar las obras me detectaron el cáncer de pecho.

Mientras en la casa destapaban vigas, tiraban paredes y las levantaban nuevas, al mismo tiempo en Madrid, yo me buscaba a mí misma e intentaba reconstruirme. Sentí cómo la casa y yo uníamos nuestros destinos. Su historia y la mía se entrelazaron para siempre, porque es una sola.

En el silencio oía cómo lloraba su dolor por toda la tristeza que había ocultado detrás de sus paredes e intuía su agradecimiento por ofrecerle la oportunidad de resurgir de los escombros e inventarse de nuevo. Lo sabía porque era exactamente igual a cómo me sentía yo.

Ahora nuestra casa es nuestro refugio y nos acoge cada vez que volvemos a ella. No importa que no pase aquí la mayoría de mis días, sé que pertenezco a este sitio.

Quizá no me quiero dar cuenta de que el tiempo aquí es libre de obligaciones y prisas, así que no cuenta como vida real. O quizá, justamente por eso, los momentos que vivo aquí, son los que más cuentan en mi vida.

“Las raíces de una persona no son objetos físicos que se agarran a la tierra como las de los árboles. Las raíces se llevan dentro. Son los tentáculos que se extienden a lo largo de nuestras terminaciones nerviosas y nos mantienen enteros. Van contigo adonde tú vas, vivas donde vivas.”

Palmeras en la nieve. Luz Gabás

La importancia de hacerse las preguntas correctas en la vida

Los días siguientes a volver a Madrid son los que más preguntas me hago: ¿Qué hacemos viviendo en Madrid? ¿No estaríamos mejor en el pueblo? ¿Y si nos fuéramos a vivir allí?

Solo lanzo las pregunto, pero no soy valiente para averiguar la respuesta. Me da miedo que, con la costumbre y la rutina que inevitablemente terminaría por tener también en el pueblo, desapareciera la magia que veo ahora en cualquier rincón.

Me resulta más fácil vivir infeliz refugiada en fantasías que tomar decisiones para tratar de ser feliz. Muchas de mis preguntas no son constructivas ni me hacen sentir mejor. Lo hago solo para victimizarme y recordarme lo que no me gusta, pero sin buscar soluciones.

Estoy cansada de preguntar sin responder. Hace que me pierda los momentos buenos que suceden, pensando en aquellos que podrían ser en una hipótesis irreal.

Creo que, hasta ahora, no me he hecho las preguntas correctas sobre Madrid. He sido injusta con ella y la he culpado de todos mis males, sin darme cuenta de que era yo la que no sonreía cuando estoy con ella, y sin recordar que hace muchos años, acogió a mis abuelos y a mis padres.

Las ciudades se nutren de las personas que vivimos en ellas. Y quizá la impersonalidad de una gran ciudad como Madrid no lo sería tanto si mirara a las personas a la cara en el metro o si sonriera a la cajera en el supermercado. Como hago en mi pueblo.

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Río Esla

Preguntas con respuesta

Este fin de semana hemos estado en el pueblo y esta vez, al volver a Madrid, he recordado que mi canción preferida lleva su nombre.

No es el aire de Madrid lo que me impide respirar. Me asfixia mi rutina diaria y el modo de vida que he ido construyendo a lo largo de los años.

¿Qué es lo que más disfruto de la vida en el pueblo? Del pueblo me gusta lo sencillo que resulta todo, que puedo ir andando a los sitios y que voy a sitios donde conozco a las personas. En Madrid vivimos en un barrio diferente al del colegio de mis hijos, tampoco mi trabajo está cerca y no conocemos a mucha gente. Así que voy a casi todos los sitios en coche y los atascos forman parte de mi rutina diaria. Justo lo contrario de cómo vivo en el pueblo.

Por eso, hoy me he hecho otra pregunta más pragmática: ¿Cómo podría adaptar lo que me gusta de mi vida en el pueblo a mi vida en Madrid?

No es fácil de responder ni la solución es inmediata, pero sí tiene respuesta: si acortara las distancias, si viviera más cerca de los sitios por los que me muevo, si no tuviera que coger tanto el coche, en definitiva, si viviera una vida más sostenible se parecería más a vivir en el pueblo.

Por eso, al cambiar la pregunta, cambia mi foco y encuentro una respuesta que me ayuda.

Ahora queda decidir qué hago con la respuesta.

Ahora es tu turno:

  • ¿Qué tipo de preguntas te haces?
  • ¿Te ayudan a crecer o solo te victimizan?
  • ¿Qué preguntas serían correctas para ti?

Como siempre, me encuentras al otro lado de la pantalla ❤

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Un abrazo,

firma Laura

La estrella de los tejados, lo más rock & roll de por aquí

Los gatos andábamos colgados, Lady Madrid

Pitillos ajustados, era de Burning, Ronaldos y Lou Reed

Y nunca hablaban los diarios de Lady Madrid

Lady Madrid. Pereza
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