Cómo no hacer las maletas y aprender a decidir

Por fin han llegado las esperadas vacaciones. Cuando el primer día de vacaciones me monto en el coche con destino a cualquier destino diferente a Madrid me siento feliz. Desconectar, descansar, viajar, leer, dormir, conocer lugares nuevos o quedarte en el pueblo unos días. Da igual, no importa adónde vaya. Me embarga una sensación de libertad que hace que me sienta viva.

Sin embargo, lo que no me gusta tanto es el día previo al inicio de las vacaciones mientras preparo las maletas en casa. El proceso de hacer las maletas parece fácil hasta que te toca hacerlas.

A veces, la experiencia se convierte en un verdadero drama familiar. Nunca estoy segura sobre qué llevarme y al final, acabo metiendo de todo:

  • Ropa de verano porque hace calor, pero también ropa más abrigada, por si hace frío.
  • Libros para leer y libros para consultar.
  • Todo tipo de productos para el pelo: cepillos, arcillas, aceites, vitaminas.
  • Cuarzos y piedras para mis meditaciones.
  • Las pesas que uso dos días seguidos cada mes.
  • Etc, etc.

Y así, por si acaso, me voy con media casa a cuestas.

maletero lleno

Aquel que quiere viajar feliz, debe viajar ligero.

Antoine de Saint Exupery

Todo en la vida es una elección

¿Cuál es el secreto de esas personas que publican en Instagram las fotos de sus diminutas mochilas para recorrer tres países en 20 días?

¿Por qué mi maleta siempre es la que más ocupa?

El principal motivo no es que quiera lucir divina, cada día de las vacaciones, con un look diferente, siguiendo las tendencias que marcan las revistas de moda para este verano.

La realidad es que simplemente me cuesta elegir. Sí, lo admito, me cuesta tomar decisiones. Mi indecisión es directamente proporcional al tamaño de mi maleta.

Voy, no voy, lo hago, no lo hago. Siempre, la eterna duda.

No hablo ya solo de cuestiones de cierta trascendencia cómo si quiero o no seguir en mi trabajo o si prefiero vender o alquilar mi piso, sino, de esas pequeñas cosas del día a día, como qué postre elijo cuando voy a comer a un restaurante o si me llevo esas sandalias tan bonitas o mejor, cojo otro par de playeras.

A veces, pregunto a las personas que están cerca de mí sobre cuál sería la mejor elección para mí sobre ciertos temas. Otras veces, cambio de opción varias veces antes de elegir algo definitivamente. Y, en ocasiones, como algunas decisiones me resultan muy difíciles, las evito.

Por eso, al final, siempre voy cargada con una maleta llena de cosas, aunque sepa de antemano que algunas de ellas, solo las voy a utilizar uno o dos días y sean totalmente prescindibles.

Si siempre tomas la decisión correcta, la segura, la que toma todo el mundo, siempre serás lo mismo que todos los demás.

Paul Arden

Las decisiones implican renuncia

Las decisiones siempre son difíciles porque elegir una cosa significa renunciar a otra.

La palabra renuncia tiene una connotación negativa.

El modelo de la sociedad moderna te ha hecho creer que puedes tenerlo todo sin tener que elegir: sandalias y playeras, pueblo y ciudad, libertad y seguridad económica, pasión y comodidad.

Sin embargo, esto no es cierto porque:

  • tu espacio en la maleta es finito.
  • tu tiempo en la vida es finito.
  • los recursos del planeta son finitos.

Nada es gratuito.

Renunciar duele.

Decidir duele cuando no tienes claro cuál es el rumbo que quieres llevar con tus elecciones y adónde quieres llegar con ellas.

Al contrario, cuando eres tú la que va decidiendo a lo largo del camino con confianza en el destino final, la renuncia a todo aquello que vas dejando a un lado, aunque no sea fácil, tampoco será doloroso.

Cuando tomes una decisión, pregúntate ¿te va a acercar adónde quieres estar? ¿está en línea con tus valores?

La vida es una cuestión de prioridades.

¿Tienes claras las tuyas?

El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide.

Henry F. Amiel

Consejos para empezar a tomar decisiones

Lo que más te puede paralizar a la hora de decidir son las repercusiones futuras de tus elecciones.

La información es poder. Busca qué opciones tienes disponibles, sopésalas y valora los efectos de elegir cada una de ellas.

¿Qué es lo peor que puede pasar si te equivocas?

¿Qué consecuencias puede tener tu error? ¿Son irreversibles? ¿Cuánto durarán?

Si al elegir, finalmente, el resultado no es el que esperabas, simplemente modifica tu elección. La mayoría de las veces, un error solo requiere de corrección.

Si te abrumas cada vez que tienes que decidir algo importante, toma nota de los siguientes consejos:

  • Empieza a decidir sobre las cosas más sencillas. Para ello, piensa en tu decisión principal como si fuera algo que sea el resultado de pequeñas elecciones.
  • Reduce las posibles alternativas a dos. Así, a tu cerebro le resultará más sencillo tener en cuenta todas las variables.
  • El mejor momento para decidir es por la mañana, recién levantada. En ese momento, tu mente no estará aún activada del todo y te será más fácil tomar las decisiones teniendo en cuenta tus emociones.
  • Mantente firme en tu decisión y no te preguntes cuál hubiera sido el resultado si hubieras escogido la otra alternativa.

A pesar de que te resulte difícil, oblígate a tomar decisiones. Aunque evites decidir sobre ciertos temas y prefieras seguir hacia adelante sin más, en algún momento te darás cuenta que así, también eliges no afrontar la realidad y que estás dejando que otros decidan por ti

Todo en la vida es una elección.

Las decisiones que tomas dan forma a tu destino.

El riesgo de una decisión equivocada es preferible al terror de la indecisión.

Maimónides

Tu cuerpo sabe cuál es la mejor decisión

Si te cuesta mucho tomar decisiones, seguramente estés muy centrada en tu mente.

Tu mente está siempre buscando las ventajas y los inconvenientes de cada opción y cuando finalmente, te decides, seguirá vueltas acerca de si tu elección fue la correcta.

La única seguridad sobre tus decisiones está dentro de ti. Para ello, has de relajar tu mente y sentir lo que tu cuerpo quiere.

Cuando quieras tomar una decisión y no sepas qué hacer, te propongo que hagas lo siguiente:

Ante cualquier elección, imagínate en esa situación de la forma más vívida posible: cómo estarás y con quién y cómo será lo que te rodea. Entonces, cierra los ojos y siente tu cuerpo. ¿Percibes una sensación de expansión o de contracción? ¿Te sientes alegre o decaído con tu decisión?. A continuación, repite el mismo ejercicio con la otra opción posible.

La alternativa que te haga sentir expandida y en la que tu cuerpo respire con fluidez será la mejor para ti.

Relaja tu mente y confía en tu corazón. Nunca falla.

orilla del río Esla

Nadie sabe mejor que tú qué hacer con tu propia vida.

Erick Fromm

Tomar decisiones implica aceptar la incertidumbre.

A medida que empieces a tomar tus propias decisiones, cada vez te resultará más sencillo elegir. De esta manera, comenzarás a tener más confianza en ti misma y buscarás menos seguridad en el exterior.

  • ¿Qué decisión tomarías si confiaras en ti misma?
  • ¿A qué estás dispuesta a renunciar?
  • Como siempre, te espero en comentarios.

Un abrazo,

firma Laura

Tengo una chica y una pistola
Un crucero de placer
Carreteras infinitas
Y algún crimen que resolver

Carreteras infinitas. Sidonie

Bibliografía

2 comentarios en “Cómo no hacer las maletas y aprender a decidir”

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