Acepta tus emociones y libéralas mediante las meditaciones activas

Siempre he imaginado que mi mundo emocional era como el mar: oscuro y profundo. Por eso, cuando presentía que una emoción me iba a arrastrar demasiado dentro de mí, actuaba igual a cómo hago en la playa, me quedaba segura en la orilla, en la parte que hago pie, donde me siento a salvo. Porque igual que me da miedo dejar de hacer pie y hundirme en la profundidad del mar, también temía sentir con tanta intensidad que me llevara a un lugar del que no pudiera salir.

Me quedaba en la superficie porque no quería ver todo lo que escondía en mi yo más profundo.

Simplemente, miraba hacia otro lado, sin hacerme responsable de lo que sentía.

Creía que, si dejaba asomar mis emociones más oscuras, aunque solo fuera un poco, no iba a ser capaz de retener mi miedo, mi ira o mi tristeza nunca más y me quedaría en ese pozo de oscuridad para siempre.

Los sentimientos no pueden ser ignorados, no importa cuán injustos o ingratos nos parezcan.

Anna Frank

¿Eres una inmadura emocional?

Las mujeres solemos creer que los hombres son más inmaduros que nosotras a nivel emocional porque a algunos de ellos les cuesta más hablar de sus sentimientos o porque otros tienen miedo al compromiso con su pareja. De hecho, la industria del cine se nutre constantemente de estas ideas para rodar películas románticas. Eso sí, con final feliz.

Si miro más allá de Hollywood, ahora creo que, durante gran parte de mi vida, yo también encajé en la definición de inmadura emocional.

Antes, cuando no me gustaba la emoción que estaba sintiendo, me resistía a aceptarla. La negaba o la intentaba cambiar creyendo que, así, todo sería más fácil.  Me desconcertaba la intensidad de mis emociones y la rechazaba creyendo que no tenía un motivo suficientemente importante para sentirme así.

También culpaba a los demás de mis sentimientos o me creía una víctima de todo lo que me rodeaba.

Sin embargo, esta estrategia lejos de funcionar, hacía que mi vida estuviera dominada por mis propias emociones y por las de los demás.

Aún, hay días en los que me resulta difícil identificar mis emociones. Confundo la pereza con el cansancio, o el enfado con la tristeza. Me enredo en medio de mis emociones y me angustio. Siento que hay momentos en los que me desbordan.

Pero ahora hay una diferencia. La mayoría de los días, ya no me siento como si estuviera montada en una montaña rusa, sin saber si la curva viene a la derecha o a la izquierda. Ahora, no creo que ninguno de mis sentimientos sea insignificante, aunque mi vida no sea como la de un personaje de telenovela. Ahora tengo en cuenta mis emociones, las nombro y me reconozco en ellas.

Las emociones no son un lujo o algo prescindible, no son una corriente de sentimientos y sensaciones pasajeros y sin importancia, sino que nos recorren a cada minuto y guían nuestro comportamiento a través del dolor y del placer. Una mochila para el Universo.

Elsa Punset

Las emociones permanecen en tu cuerpo aunque no las atiendas

Decimos que el tiempo lo cura todo.

Por eso, creemos que, por fin todo está bien dentro de nosotras, cuando hemos vuelto a superar el último bajón emocional y nos volvemos a sentir bien por una temporada.

Pero no es cierto. El miedo, la rabia o la tristeza no desaparecen simplemente por mirar hacia otro lado e ignorarlas. Solo se quedan escondidas en algún rincón de tu cuerpo.

Hasta que vuelve a ocurrir algo que no es como deseamos y esas emociones vuelven a salir, cada vez un poco más fuerte que la vez anterior.

Ya no importa lo que nos ocurrió la primera vez que nuestros sentimientos fueron ignorados. Lo único que importa es que nuestros cuerpos saben que aún existe una herida emocional sin cerrar.

Una vez más, nos sorprendemos con nuestras propias reacciones, a veces desproporcionadas, ante algo que no parecía demasiado importante ni para los demás ni para nosotras mismas.

Pero su origen no es únicamente por eso por lo que acabamos explotando, sino por todo lo que hemos ido guardando, esperando que desapareciera por si solo.

Porque tus emociones son reales. Ocurren en tu cuerpo. Y allí, permanecen esperando que las atiendas.

Una emoción no causa dolor. La resistencia o supresión de una emoción causa dolor.

Frederick Dodson

Dale espacio a tus emociones en tu cuerpo

Al desconectarnos de nosotras mismas y de nuestras emociones, lo hacemos también de nuestro cuerpo.

Muchas de nuestras emociones son mentales. Creemos entenderlas conceptualmente. Pero necesitamos experimentarlas. El verdadero desafío es atrevernos a sentirlas en nuestro cuerpo.

Creemos que no está bien sentirnos como nos sentimos, que existen emociones que nos dañan por dentro. Así que, para evitar sentir lo que creemos que no deberíamos sentir, nos protegemos y construimos corazas alrededor del corazón, que late sólo a medias. Dejamos de sentir la tristeza, pero tampoco podemos sentir la alegría. Anulamos nuestra rabia, pero tampoco podemos sentir paz interna. Nos desconectamos de nosotras mismas.

Para. Respira. Mira en tu interior. Medita.

Libera tus emociones estancadas mediante las meditaciones activas

La práctica de la meditación me ha ayudado a comprender mis emociones, a identificar dónde se alojan dentro de mí y a darles espacio para que se muevan y se transformen.

Sin embargo, no es fácil ni cómodo estar simplemente respirando e intentando detener la corriente de pensamientos que pasa por tu mente cuando lo que sentimos no nos gusta.

Hay otras formas. Prueba con las meditaciones activas, creadas por Osho el siglo pasado (esta expresión me hace sentir mayor).

Las meditaciones activas combinan la respiración con el movimiento consciente y, en ocasiones, con música o ciertos sonidos y expresiones, para conseguir estados de conciencia elevados y una gran quietud mental. De esta manera, consigues liberar las emociones estancadas en tu cuerpo, que encuentran el espacio para mostrarse y se recolocan en otro sitio.

Realmente, me he sentido diferente después de practicar este tipo de meditaciones activas, como si algo se hubiera movido dentro de mí.

Hace un tiempo, tras completar un ciclo de 21 días de meditación activa, fui capaz de entender cómo estaba repitiendo el mismo patrón de comportamiento una y otra vez. Un día tras otro un día, realizaba los mismos movimientos y me refugiaba en las mismas emociones de tristeza y miedo, que eran las más conocidas para mí, mientras que me resultaba muy difícil sentir la alegría y la expansión. Ya te hablé sobre la tristeza aquí. Con esto, pude observar, de manera consciente, cómo no permitía que los ciclos se cerraran de una manera sana ni podía avanzar más allá de donde estaba atrapada.

Al igual que con cualquier otro tipo de trabajo personal, la práctica de las meditaciones activas precisa de tu constancia. Adquirir más consciencia de nuestra naturaleza y un mayor conocimiento de nuestras emociones no suele ocurrir en un solo día. Tampoco en 21. Más bien es algo que nunca termina.

Cuando eres consciente de una emoción, llevas poder a tu vida.

Tara Meyer Robson
atardecer playa

No estamos acostumbradas a sentirnos.

Te invito a que pongas palabras a tus emociones y que te permitas nombrarlas en voz alta.

Cuando sientas dolor, no creas que da igual, que no pasa nada, que ya se pasará.

Míralo de frente. Pregúntate los motivos reales que hay detrás y si puedes hacer algo.

A veces, no puedes cambiar la situación que origina tu dolor, al menos, no de manera inmediata. Pero siempre, el primer paso para salir de ahí, es aceptar que en este momento te sientes así y que está bien que sea así.

Al comenzar a expresar e identificar tus emociones, empezarás a ser propietaria de ellas, de tu cuerpo y también de tu vida.

  • ¿Te has sentido alguna vez desbordada por tus emociones?
  • ¿Actúas de manera responsable hacia lo que sientes?

Como siempre, me encuentras al otro lado de la pantalla.

Un abrazo,

firma Laura

Conviene saber que no hay adulto sin su colección de espinas
Todos tenemos cosas que olvidar

Conviene saber que nada escuece más que un disco de Sabina
Y a la vez solo esas canciones te pueden curar

Conviene saber. Rozalén ft. Marwan

Bibliografía

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